Sobre la distribucion y la distancia

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Hoy voy a traer una palabra que carece de autonomía. Es un término que requiere estar ligado a otros vocablos que le transfieran su carácter y a acciones que completen su efecto.

Al escucharla, se dispara nuestra imaginación, construyendo una cadena de eslabones huecos, que iremos llenando y enlazando, a medida que sepamos mas de las palabras que acompañaran la frase, quedando una cadena que unirá cosas que tal vez no habíamos imaginado a esta palabra, quedando a merced de las intenciones de quien la ha pronunciado originalmente.

Esto tampoco es restrictivo a esta palabra, hay un conjunto de palabras fuertes, que de por si solas no significan, no transmiten, solo suenan y captan la atención, anticipando o desorientando para cautivar, sobre lo que se va a hablar.

Esta palabra que traigo es distribución.

Distribución, de que, entre quienes, en que proporciones. Desde el vamos, se plantean necesarias aclaraciones que de omitirlas dejarían las cadenas de imaginarios elementos, flotando entre nosotros desde sus mentes hasta el centro de la nada, como secuencias de ADN incompletas, que acabarían por deshacerse o ligarse azarosamente generando engendros y subsecuencias de desorden, caos y confusión.

Mi intención es diametralmente opuesta, por lo que voy a completar la cadena de palabras que traigo de mi propio agujero negro, para que se cruce con las suyas y regrese a nosotros con la alteración genética indispensable que nos habrá de redistribuir en grupos de afinidad o segregación.

La razón por la que invito a reflexionar sobre la distribución, es por que la considero una de las llaves de la transformación; y la meditación que sigue a la reflexión, el primer paso de un camino, que según nuestra capacidad de entrega y análisis del entorno, nos alejara de la enajenación y nos dejara cerca de la meta final que es la evolución.

Despertada la conciencia, comenzada la construcción de una mente grupal, con nuestras llamas creciendo, voy a abrir un paréntesis para introducir otro concepto que creo imprescindible esta noche y es el de las diferencias.

El enajenamiento o la alineación, son términos análogos que describen un proceso que termina por suprimir en un individuo o una sociedad, las características personales o individuales, creando autómatas al servicio de propósitos de terceros, una masa dependiente y servicial a funcionarios y lideres que rara vez buscan el beneficio conjunto o global.

La individualidad y el pensamiento autónomo son necesarios en una sociedad que pretende crecer y prosperar. Estas diferencias fomentan el razonamiento crítico y la detección de conductas nocivas y destructivas. Son estas diferencias las que nos permiten reflejarnos e imitar conductas positivas o negativas.

Pero también estas diferencias son las que nos alejan, nos agrupan en bandos que compiten y buscan la supremacía y la dominación del otro.

Yo les propongo entonces estudiar estas diferencias, conocernos y conocer sin prejuicios, sin ponderaciones sobre lo que esta bien y lo que esta mal, sin el simplismo egocéntrico y equivocado de creer que todo lo que hacemos esta bien y lo que hacen los demás esta mal. Básicamente, ampliar el espectro entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo acertado y el error. Estos extremos son también imaginarios, día a día transitamos el trayecto entre ellos sin llegar nunca al imposible todo bien o todo mal. Vagamos por un indeterminado estado entre lo blanco y lo negro, desde el gris oscuro al gris claro.

Con el panorama de lo que nos aleja planteado, sabiendo cuales son nuestras características individualidades y las de algunos otros que comparten nuestro camino, les propongo ahora, dejarlas a un costado. Estas diferencias ya no son nocivas, ni nos separan del otro, sino que nos reafirman como individuos de esta sociedad, individuos que por estas particularidades, enriquecen al grupo humano, dándole una base más amplia desde donde hacer el salto cuántico hacia la evolución como especie.

Ese salto necesita ahora que nos enfoquemos pues, no ya en nosotros y nuestra problemática, sino en el otro y los puntos en que las problemáticas individuales confluyen.

Quiero decir, que sabiendo quienes somos y quienes son los demás, empecemos a trabajar sobre nuestras semejanzas. Aunque nuestra enajenación nos haya hecho competitivos, creyéndonos iguales, ya sabemos que ninguno es igual al otro y no tiene sentido competir o suprimirlo, sino unir eslabones afines, para alivianar la tensión en nuestra propia cadena, que no puede arrastrar sola todo el peso evolutivo de una sociedad, y sin embargo, al aislarnos y competir, lo que hacemos es alimentar la fantasía de que estamos separados, que cada uno individualmente puede crecer sin importar si el otro esta hundiéndose, pero los que caen, tarde o temprano nos arrastran, porque estamos unidos por una cadena invisible que es la genética humana.

Apenas somos un punto en la recta de la humanidad, y este segmento de puntos de esa recta, hoy presente en este lugar, y todos los segmentos en otra partes del planeta estamos igualados en algo, con nuestras acciones, imprimimos en nuestro cuerpo un mensaje químico que esta siendo afectado por los cambios en la vibración de la galaxia. Estos cambios ya han sucedido y a nosotros nos queda sintonizar y sincronizar.

El todo es la suma de las partes y nosotros somos esas partes. Alterando nuestra forma de relacionarnos entre nosotros, estaremos alterando la relación con el todo y con otros todos en otros puntos del universo.

Despertar, ver, interpretar, analizar, trasformar, crear y morir. Así veo las edades que transitamos en esta vida, cada una respondiendo a una etapa. Estamos en mayoría, en la etapa de la transformación. Algunos quizá recién despiertan, o empiezan a ver, estamos a tiempo de concretar esa transformación que nos permita crear un entorno favorable donde convivan nuestras diferencias y nuestras semejanzas, y eso lo lograremos bien entendiendo algo que he mencionado al principio, la distribución.

Balancear dando lo que no usamos y recibiendo lo que necesitamos.

Tengo la certeza de que todos tenemos algo que no necesitamos y que otro usaría, pero la incomunicación, el afán de poseer y acumular, la competencia y la desidia, nos tienen con bienes y afectos mal distribuidos.
Redistribuir, es entonces, esta llave que nos abre al ilimitado espacio del libre albedrío; vivir en armonía basados en nuestras diferencias, reforzando y alimentando los lazos imperceptibles que ya nos unen y que no dejaran de existir, solo porque no queramos verlos.

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